Educar en Pandemia: Textos Escolares y su futuro

31 Julio 2020

Los establecimientos y las salas de clases ha transitado a una modalidad conectada en línea como respuesta al cierre de actividades educativas presenciales. ¿Cómo afecta este escenario al texto escolar?, ¿seguirá siendo el recurso educativo primordial?, ¿es momento de repensar el texto impreso? Preguntas difíciles ante un problema complejo.

Los libros de texto, recursos impresos elaborados para apoyar los procesos de aprendizaje y enseñanza, han demostrado a lo largo de décadas, con evidencia, que su uso posee un impacto positivo para mejorar los resultados del aprendizaje escolar, especialmente en los países de ingresos bajos y de infraestructura y capacidades instaladas precarias. 

 
Se cree que las nuevas tecnologías digitales, y en especial el uso de Internet, han desplazado el libro impreso de texto escolar como herramienta fundamental en el proceso de aprendizaje. Pero lo cierto es que las tecnologías y recursos educativos digitales, a pesar de 25 años de implementación en escuelas, todavía no logran generar consenso sobre su impacto en el aprendizaje. Por el contrario, el texto escolar impreso ha generado evidencia empírica entre la dotación de textos escolares y el rendimiento académico, junto a que facilita y hace más productivo el trabajo del profesor y lo transforma, gracias a que:
  • ofrecen enormes ventajas en cuanto a la cobertura y la adquisición del conocimiento, 
  • facilita al docente el manejo de grupos muy numerosos y heterogéneos en edades y habilidades, 
  • ayudar a compensar las deficiencias de los docentes poco preparados y aumenta la efectividad de los mejor capacitados, 
  • facilita a los docente la organización del curso y ayuda a hacer un mejor aprovechamiento del tiempo de clase, 
  • permite a los estudiantes poder aprender de forma autónoma. 
  • cumplen una labor fundamental en los procesos de acercamiento a la lectura, y donde hay escasez de libros, la única entrada a la alfabetización.  
 
Esta relación entre texto escolar y la calidad de la educación ha llevado a los países, desde inicios de los años 1970, a contar con un programa universal y equitativo de provisión de textos escolares, como expresión de una política pública que distribuye gratuitamente este recursos educativos en gran parte del currículum vigente. Dichos programas son muy complejos y altamente costosos, más allá del beneficioso retorno de la inversión. La alta inversión pública y la demanda de educación privada ha generado una competencia feroz, que muchas veces ha generado fallas y distorsiones en mercados deficientes e injustos. Es el caso de nuestro país. 
 
Los textos escolares se desenvuelven en dos mercados: primero, el mercado público se relaciona al proceso licitatorio donde el Estado adquiere libros de texto a la industria del ramo; y segundo, un mercado privado dirigido a los establecimientos educacionales privados y los establecimientos particular-subvencionados que definen utilizar un libro de texto distinto al que provee el Estado. 
 
En Junio 2019, la Fiscalía Nacional Económica de Chile FNE publicó un Estudio del Mercado de Textos Escolares el que existen espacios tanto en el mercado estatal como privado de textos escolares que no se encuentran funcionando correctamente desde el punto de vista de la competencia, lo que estaría provocando que las condiciones comerciales a las que pueden acceder tanto el Estado como los consumidores no sean las óptimas, lo que sería atribuible a una baja intensidad de competencia en el mercado de textos escolares. A saber: 
  • El mercado público de textos escolares, vale decir, los textos adquiridos por recursos públicos y distribuidos a través del Ministerio de Educación asciende a USD$ 52 Millones. Este es un mercado altamente concentrado (duplica umbral de concentración de Índice Herfindahl y Hirschman): el promedio de editoriales que compitieron en las últimas tres licitaciones fuese de tres, y que en más del 45% de los procesos se presentaron dos o menos competidores. Así, el 80% de las ventas queda en manos de dos empresas extranjeras (Santillana y SM), desplazando las editoriales nacionales. Esto se ha debido a una serie de barreras de entrada generadas por el marco de licitación pública que no incentivan la competencia y genera mucho riesgo para nuevos actores. 
  • En el caso del mercado privado de textos escolares, este asciende a USD$ 64 Millones cubriendo sólo el 10% de la demanda. Las editoriales fijan precios en promedio 29 veces más, llegando hasta 40 veces más en algunos casos, en el mercado privado por un texto muy similar al estatal, donde normalmente se cancela el texto unidad en $800 a $1,600. Las familias desembolsan promedio $160 mil por alumno cada año. Cabe mencionar que numerosas investigaciones demuestran que la calidad educativa del texto del mercado público es muy similar al texto del mercado privado, y el propio Ministerio ha realizado campañas aduciendo que su texto es tan bueno o mejor que el privado (#igualdebuenos). Así, la diferencia de un costo de 30 veces más no tiene justificación alguna. 
 
 
Esta situación ha generado un gran malestar en la población y la industria editorial local que han alentado una serie de protestas por parte de organizaciones de consumidores, agrupaciones de establecimientos educacionales, colegios profesionales y gremios. Pero más allá de estas protestas acotadas al mes de Marzo, las distorsiones y fallas del mercado de textos escolares ha impactado en la calidad y el nulo incentivo a la innovación. En el estudio del Instituto de Estudios de la Sociedad IES, Calidad, formato y mercado de los textos escolares en Chile (2014), se advierte acerca de la mala calidad de los textos escolares locales en torno a tres áreas: su calidad, su formato y la configuración de un mercado que no genera incentivos para la mejora. Se concluye que parece existir un círculo vicioso producido por la mala calidad del material pedagógico elaborado y la ausencia de incentivos de mercado para mejorar. 
 
 Hay numerosa evidencia local en torno a las deficiencias de la calidad de los textos escolares. El libro Textos escolares y calidad educativa de Orellana y Soaje (2013) es un estudio cualitativo de la calidad de los textos escolares que entrega el Ministerio de Educación de Lenguaje y Comunicación, e Historia y Ciencias Sociales, que abarca el período entre 2000 y 2010. Este concluye que los textos chilenos son escasos en contenido, proponen metodologías alejadas de la realidad del aula. No obstante cuentan con un atractivo diseño gráfico, carecen de criterio estético al compararlos con textos escolares extranjeros. El problema mayor es que muchos de estos aspectos ya fueron detectados hace 19 años en el estudio El futuro en riesgo: nuestros textos escolares de Eyzaguirre y Fontaine (1997), dando cuenta del nulo avance en la calidad de los textos escolares en la últimas dos décadas. 
 
Una de las caras de la poca innovación del texto escolar chileno ha sido su poca integración y complementaridad con las herramientas y contextos digitales, los que hoy cobran una relevancia mayor debido a las interrupciones educativas causadas por la pandemia Covid-19. 
 
 En efecto, mientras el mercado público de textos escolares, delineado a través las especificaciones técnicas en las licitaciones públicas, estos involucran lo que el estudio FNE definió como un “paquete básico”, compuesto por un libro para el estudiante y otro dirigido al docente, y en algunos casos según la asignatura, un tercer libro de ejercicios (el caso de matemáticas). 
 
Mientras tanto, el mercado privado busca agregar valor al producto del mercado público a través de un “paquete extendido” los que complementan la venta de los libros impresos junto a diversos servicios y productos tecnológicos (sistemas de planificación y evaluación, pre-universitario virtual, videojuegos educativos, simuladores, capacitación en línea, herramientas anti-bullying y seguridad digital, recursos interactivos, entre otros). Así los recursos educativos digitales quedan confinados a la distribución del mercado privado. 
 
Para Educar en Pandemia se requiere que el principal recurso educativo, el texto escolar equitativo y de calidad, logre insertarse de forma equitativa en el ambiente digital que hoy cobija los estudiantes escolares. Hemos presentado el problema, el próximo artículo analizaremos como lo han logrado en otros países y los pasos que se han dado en nuestro país.


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